Preparando al amor para la muerte nace de dos enfrentamientos: existencial y lingüístico o estilístico. El existencial viene de un amor singular que abarca toda una vida y que con el paso de los años se enfrenta a la muerte. El sujeto/objeto del amor se halla ante el hecho ineludible y cercano de que él o ella morirán el uno entes que el otro. Se hace entonces la simple y difícil pregunta: ¿qué será de mí cuando me/te muera(s)? La muerte es más fuerte que el amor pero la palabra poética es más fuerte que la muerte, pues en ella sigue palpitando la corriente de amor. El enfrentamiento lingüístico o estilístico nos lleva al corazón de la palabra poética. Parte del axioma: «Cuerpo nombrado: cuerpo abolido». Nombrado, ese cuerpo queda reducido a una red lingüística de palabras que ocupa el lugar del objeto amado. ¿Cómo recuperarlo en su sencillez biológica y ontológica?El poeta lucha por recuperar aquel axioma lingüístico que, a partir de cierta edad, siempre ha defendido, contra una semiótica radical: la rosa es más importante que ?el nombre de la rosa?. Y, sin embargo...
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