Una enfermedad grave no pide permiso, simplemente irrumpe en tu vida y altera para siempre los mapas. No voy a mentirte: te impactará como un meteorito sobre la faz de un pequeño satélite. No existe entrenamiento suficiente ni libro previo que nos prepare del todo. Evitarte todo el sufrimiento es imposible, de hecho es antinatural. Descubrimos pronto que el miedo no es tanto a la muerte, como al dolor (físico y emocional), la pérdida de autonomía y la incertidumbre cotidiana. Lo que verdaderamente asusta suele ser la posibilidad de dejar de reconocernos en el espejo o perder aquello que más valoramos: la vista, el gusto, la palabra, la risa, la compañía de los demás... O peor aún: las ganas de vivir.Este libro no es tanto un libro sobre el cáncer como una herramienta de ayuda sobre cómo afrontar una gran dificultad vital, sea o no una enfermedad. No es tanto un manual de resiliencia como una invitación a probar cosas nuevas. Una conversación a dos voces: la tuya y la mía. Ojalá sirva para que quienes estén atravesando la incertidumbre y el dolor encuentren en estas palabras un poco de compañía, algo de serenidad y, sobre todo, la convicción de que, aun en medio del miedo, si elegimos vivir cada día con dignidad y autenticidad, la vida sigue valiendo la pena.No hay recetas milagrosas. Pero hay pasos sencillos, gestos de humildad, la posibilidad de reírse incluso en días malos, y la certeza de que cada momento cuenta, aunque sea imperfecto. Aquí encontrarás relatos íntimos, ejercicios sencillos para reconectar con lo verdaderamente importante y reflexiones que, como pequeñas lámparas, alumbren el trayecto. Porque aceptar lo inmutable no es resignarse: es abrazar nuestra propia humanidad, con todas sus luces y sombras.
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